El 29 de octubre es el Día Mundial del Ictus, pero ¿alguna vez nos hemos planteado que un niño puede tener un ictus? Seguro que muchos de vosotros estáis ahora sorprendidos.

Por Estefanía Rodríguez
Esta sorpresa se debe a que la incidencia es relativamente baja, si lo comparamos con los adultos, por ejemplo. Se estima que en la Comunidad de Madrid se podrían presentar unos 30 casos cada año (https://www.madrid.org/bvirtual/BVCM020313.pdf). Esta situación hace que, en ocasiones, su diagnóstico y atención precoz sea todo un reto. El desconocimiento de los signos de alerta, de la existencia de este cuadro clínico, hace que a veces se retrase su identificación y atención.
El ictus es un cuadro neurológico, que puede deberse a una hemorragia o a una isquemia, que provoca una alteración en la correcta circulación sanguínea en el cerebro, pudiendo dar lugar a una lesión cerebral. La repercusión va a ser distintas dependiendo de múltiples factores, como el área afectada, la edad y otras situaciones asociadas.
Un alto porcentaje de los niños que presentan un ictus van a tener secuelas motoras, cognitivas, conductuales, del lenguaje y/o del aprendizaje que pueden condicionar la adquisición y el desarrollo posterior a esta situación. Todo ello, con el impacto en su vida y en la de sus familias.
Código Ictus Pediátrico
Desde el año 2019, en la Comunidad de Madrid, existe el Código Ictus Pediátrico, con el fin de identificar y atender precoz y especializadamente a estos niños. Esto permite un diagnóstico precoz, el traslado a un hospital de referencia y el inicio de un tratamiento específico.
Pero hemos hablado de que un alto porcentaje presentarán secuelas, y algunas de ellas están relacionadas con la comunicación y la alimentación, donde los logopedas tienen un papel esencial. Debemos tener en cuenta las particularidades de esta población, que engloba desde bebés hasta niños de 16 años. Así, nos podemos encontrar con niños que no han adquirido el lenguaje, otros que están empezando a leer y otros que aún se alimentan con biberón. Además, estas dificultades pueden hacerse evidentes en el momento del ictus o posteriormente al enfrentarse a ese nuevo aprendizaje. No podremos saber cómo se ha visto afectada la lecto-escritura, por ejemplo, hasta que el niño llegue a la edad de enfrentarse a ese nuevo aprendizaje.
Logopedia para atender a niño con ictus
Esto supone un reto también en la atención desde el área de logopedia. Por tanto, es necesario un conocimiento profundo del desarrollo y particularidades de esta población. Igual que la atención médica es especializada, la atención en el proceso de rehabilitación debe serlo también.
La atención cualificada y temprana del niño y la familia, informando de las posibles secuelas del lenguaje o la comunicación, dando estrategias de comunicación eficaces desde los primeros momentos, adaptando la alimentación a la nueva situación, por ejemplo, favorece la recuperación y disminuye la incertidumbre de las familias.
Los estudios relacionados con las prevalencias, secuelas, pronóstico, etc. de este tipo de población son muy limitados, incluidos aquellos que tratan sobre la afectación del lenguaje y la comunicación, no pudiendo extrapolar los datos de población adulta por las particularidades de la población pediátrica. Es por ello, que se hace necesario un mayor conocimiento de esta situación, con el fin de poder dar una atención específica, que minimice el impacto en la vida del niño y su familia en el presente y en el futuro.



