bradilalia logopeda

La intervención del logopeda en personas con bradilalia o ralentización del habla

La bradilalia es una alteración del habla que afecta principalmente al ritmo por una ralentización en el discurso fuera de los parámetros normales, así como una disminución de la fluidez verbal y una  articulación imprecisa. Se puede dar tanto en niños como en adultos. Las alteraciones del habla las  catalogamos como disartrias cuando hay un componente de afectación neurológica, y la bradilalia puede ser un síntoma que pertenezca a este grupo, pero hay que tener en cuenta que existe una  etiología psicógena, en menor medida, como ocurre con algún tipo de disfemias o de disfonías. 

Por  Teresa Yerro. Logopeda especialista en voz y miembre del Grupo del Voz del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid

Siguiendo la clasificación de Perelló (1990), las disartrias se dividen en Síndromes periféricos, que  serían todas las miopatías, y Síndromes centrales con trastornos del tono muscular (espasticidad,  distonías..), trastornos del movimiento (paresia, parálisis, ataxia, dispraxia..) y de la maduración  psicomotriz. También la disartria puede cursar con enfermedades del sistema nervioso periférico (miopatías, parálisis del trigémino, del facial, del vago espinal..) y del sistema nervioso central (párkinson, esclerosis, parálisis cerebral, accidentes cerebro vasculares..). O sea el cuadro es muy  extenso y la causa de una bradilalia puede tener un diagnóstico claro o no. 

Según estudios de Duffy J. R. (2016) existen pocas publicaciones sobre los trastornos psicógenos.  Los clasifica como subtipos neurológicos del habla o trastornos funcionales y sus afectaciones  se dan principalmente en disfonías psicógenas, disfemia o alteraciones de la prosodia. Las considera  trastornos funcionales del movimiento pero sin características homogéneas. Justifica su trabajo con  distintos estudios como el de Hinson y Haren, 2006 en el que demostraba trastornos del habla a  consecuencia de la tensión en la guerra. 

También alude a las investigaciones de (Lundgren et al., 2010, Duffy, 2013) en los que presentan  que la tartamudez adquirida puede ser el resultado de una enfermedad neurológica orgánica o de  influencias psicológicas/funcionales. Incluso hay casos informados de tartamudez simulada (p. ej.,  Seery, 2005). También menciona “el síndrome del acento extranjero” que son alteraciones de la  prosodia que afectan al acento, melodía y ritmo. La dificultad de clasificar todas estas alteraciones  viene condicionada porque son casos únicos, o representan a un porcentaje pequeño de sujetos con  diversidad sintomática aunque muestren coincidencias. Los logopedas necesitamos tener  conocimiento de esta variabilidad de etimologías y síntomas para enfrentarnos a la rehabilitación. 

Nos podemos encontrar en la consulta con pacientes que no conocen el origen de su lesión, pero  los síntomas y su angustia la tenemos delante y debemos saber de qué manera poder valorarlo. 

En la primera sesión, sino tenemos diagnóstico, podemos pasar un test neurológicos rápido (Mini mental test) que nos ofrece pistas de si hay afectación cognitiva, e independientemente del  resultado, debemos derivar al neurólogo y al otorrino. Si no determinan una causa, posteriormente  deberemos derivar al psicólogo; siempre va a ser un trabajo multidisciplinar. 

En la anamnesis valoramos distintas funciones. En los síntomas del habla puede aparecer: un ritmo  muy afectado por el elentecimiento y una prosodia monótona, el tono de voz muy descendido,  repetición de sílabas, algunos sonidos distorsionados, alargamiento de palabras, pausas para buscar  la palabra. Debemos estar atentos por si se activan otras musculaturas como el parpadeo o temblor  porque se puede sospechar de alguna afectación neurológica. 

Los síntomas respiratorios van a estar relacionados con una inspiración muy alta, clavicular en  muchos casos. Pueden quejarse de que les duele la zona del diafragma al respirar, de que se quedan sin  aire.

La valoración de la musculatura va a estar muy comprometida por una hiper tonicidad y falta de  elasticidad y de relajación en maseteros, abertura mandibular, lentitud en praxias de lengua, labios  y tensión en la musculatura extrínseca de la laringe. Si se les pide hacer un ejercicio de relajación de  brazos, cuello, resulta muy difícil manipularlos. 

Es muy importante en el primer día escuchar sus sensaciones, tanto físicas como psicológicas, para  poder crear un ambiente de confianza y de seguridad en el que no se le juzgue, sino que se acepten los síntomas. La rehabilitación se va a dar en los dos sentidos: en la mejora funcional y en la de la  aceptación. Hay numeroso estudios en las disfemias sobre la importancia de la aceptación para  evitar el aislamiento social. Estas repercusiones psicosociales se pueden trasladar a la bradilalia.  

El tratamiento, como en todas las patologías, está condicionado por la causa, pero cuando ésta no  aparece definida, deberemos céntranos en rehabilitar los síntomas. Nuestro objetivo es conseguir  una comunicación integral, teniendo muy en cuenta que el grado de dificultad debe ser muy  progresivo, ya que trabajamos con personas muy tensionadas. La rehabilitación, como dice Perelló  (1990) debido a la dificultad de precisar la etiología,“debe ser alternando métodos, aplicándolos  simultáneamente o combinándolos”.  

Aunque trabajemos distintas habilidades, debemos integrarlos en la coordinación fonorespiratoria.  Dentro de ella, tenemos rehabilitación fisiológica para activar las funciones de la musculatura por  medio de la terapia miofuncional y la respiración costodiafragmática. 

El ritmo y el tono se debe trabajar también en conjunto con respiración y el habla. Las técnicas  progresivas de relajación no tienen sentido sino se unen a la producción del habla. 

Existen muchos métodos, como jugar a masticar las palabras, alargar las vocales para que todo adquiera un ritmo continuo y les permita relajarse. Asociar movimientos con el pulgar a la vez que se habla, el empleo del metrónomo a un ritmo que el paciente siempre lo puede hacer. Activar el  diafragma riendo rítmicamente con boca cerrada y hablar. Método de la lectura conjunta y según  se sienta mejor, el terapeuta se silencia. Leer en voz alta poesía para trabajar el ritmo. Combinar  voz cantada salmoneada y habla. Trabajar el susurro, el cuchicheo y el habla. Terapias con tracto  semiocluido que ayuden a la propiocepción de sentir el sonido adelantado y fácil, etc. 

Según Perello (1990) dice que en la rehabilitación de la disfemia es un error pedir al paciente “que  antes de hablar respire profundamente, reemplazar las palabras difíciles por otras (…) con estas  prácticas no se hace más que cultivar el miedo a hablar (…)”. En la Bradilalia también existe el miedo a  hablar, a ser juzgado. Estas reflexiones nos indican la necesidad de realizar actividades integradas  en las que se trabaje la facilidad de la expresión, que el paciente sienta que las actividades las va  dominando y vaya controlando sus miedos en las interacciones sociales. 

Una muestra de que la rehabilitación está funcionando es que el paciente ya no tenga miedo a la  interacción social aunque todavía los síntomas persistan. Nuestra labor no es rehabilitar una función  concreta, sino que el paciente se reencuentre con el deseo de comunicarse y con la vida. 

Referencias bibliográficas 

1. Duffy J. R. (2016). Functional speech disorders: clinical manifestations, diagnosis, and  management. Handbook of clinical neurology, 139, 379–388. https://doi.org/10.1016/ B978-0-12-801772-2.00033-3. Recuperado en :https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27719858/ 2. Perelló,J.(1990).Trastornos del habla. Barcelona: Masson.

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