Los logopedas contribuyen positivamente en la salud maternal, mejorando la succión y, por lo tanto, la alimentación de los bebés

Entrevista a Silvia Romanillos. Logopeda pediátrica y asesora de lactancia. Fundadora de mihijonohabla.com

Ser madre es un momento único, que puede conllevar una felicidad desmedida, pero también incertidumbre, sobre todo cuando se es primeriza. El desconocimiento, la falta de información y la inseguridad que pueden surgir en este momento pueden desencadenar ansiedad y depresión. A pesar de que las mujeres cada vez están más informadas, la práctica siempre deja lugar a dudas. Y si esas dudas no son resueltas correctamente, pueden suponer una limitación importante y una merma de seguridad, que acaba afectando al estado anímico. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada cinco madres primerizas va a padecer algún tipo de trastorno del estado de ánimo o de ansiedad durante el embarazo y el posparto. Por eso, es fundamental que familiares, pero también los profesionales, acompañemos a la mujer en este proceso, resolviendo sus dudas y ofreciéndole herramientas adecuadas que faciliten la salud maternal.

Uno de los aspectos que más preocupan a los progenitores es la alimentación. Es posible que de primeras todo vaya rodado, pero también es frecuente que surjan algunos inconvenientes, como los problemas de succión, que impiden que el bebé coma correctamente y coja peso o que provocan regurgitaciones o atragantamientos. Entre las causan principales de estos problemas de succión están el frenillo lingual o la anquiloglosia o lengua anclada. Por lo que es muy importante diagnosticarlo desde el primer momento para que los padres decidan, con ayuda del profesional sanitario, cómo actuar. Y, sobre todo, para rebajar el nerviosismo y ansiedad que provoca que los bebés no coman adecuadamente. En estos casos, la figura del logopeda es clave, tanto en el diagnóstico como en la solución. Hablamos con Silvia Romanillos, logopeda pediátrica y asesora de lactancia para que nos cuente sobre estos casos.

La alimentación es una de las cuestiones principales que preocupan a los padres que acaban de tener un bebé. ¿Cómo pueden afectar los problemas de succión de los bebés en la salud materna?

Si tenemos en cuenta que la supervivencia de un bebé depende en su mayor parte de si toma leche o no, aquí encontramos un factor de presión sobre la madre bastante importante, principalmente si se trata de un bebé que se alimenta de leche materna. En una sociedad acostumbrada a medirlo todo (cuánto pesamos, cuánto tiempo dormimos, cuántos pasos andamos al día…), dar el pecho sin poder medir exactamente lo que toma el bebé supone un acto de fe al que no estamos acostumbrados.

Por ello, cuando aparecen problemas como que el bebé no recupera el peso con el que nació o no gana lo bastante en las semanas sucesivas, la preocupación inunda, con razón, a las madres. Con el biberón también puede pasar, pero digamos que los problemas que llaman la atención pueden ser otros, como regurgitaciones, atragantamientos, etc.

También incide en la salud física materna el hecho de dar el pecho con dolor. Si aparecen grietas, perlas de leche o mastitis, la madre no está en unas condiciones físicas ideales para disfrutar alimentando a su bebé. Esto puede provocar, entre otras dificultades, agotamiento y malestar, anticipando la toma del bebé que le causará dolor. Por tanto, también habrá unas consecuencias a nivel psicológico que le impide disfrutar de su maternidad, ya que es posible que se sienta frustrada y se juzgue duramente a sí misma. Al fin y al cabo, parimos con la idea de que debemos disfrutar de nuestro bebé y que debemos amarle de manera incondicional nada más nacer.

¿Cuáles son las causas más frecuentes de estos problemas?

Pueden ir desde problemas bastante sencillos de solucionar, como la postura en la que ponemos al bebé al pecho, hasta problemas más complejos como un frenillo lingual limitante o tensiones musculares debido a la posición del bebé en el útero o al propio proceso de parto. Esto sin contar otros que requieren un abordaje bastante más complejo como el síndrome de Pierre-Robin o dificultades neurológicas por maniobras o el uso de ciertos instrumentos durante el parto.

Pero no siempre las causas se refieren al bebé. A veces también aparecen en la madre como una escasa producción de leche debido a una hipoplasia mamaria (mamas que no han terminado de desarrollarse), diabetes o madres fumadoras, entre otras.

¿Cómo afecta esos problemas en la alimentación de los niños?

Las consecuencias dependerán del problema, claro. Los más frecuentes suelen ser tensiones musculares y anquiloglosia (lengua anclada). Un bebé con tensiones musculares que no se solucionan en ese momento, es bastante posible que termine alimentándose con lactancia artificial, a pesar de los deseos de la madre de continuar con lactancia materna.

En el caso de la anquiloglosia o frenillo lingual, puede ir desde el abandono de la lactancia materna hasta problemas de alimentación cuando comience con la alimentación complementaria (rechazo del alimento, atragantamientos…), problemas de articulación, paladar alto y apiñamiento dental e incluso posturales.

¿El frenillo lingual es muy frecuente?

Se ha calculado que se da entre un 1,7% y un 4,8% de los recién nacidos. Como vemos, es bastante y pienso que es algo que se debería mirar. No es que haya que intervenir quirúrgicamente en todos los casos porque depende de varios factores, la decisión de la familia entre otros.

¿Cómo se suelen detectar?

Lamentablemente, en España, no existen protocolos al respecto en la mayoría de los hospitales. Los pediatras de atención primaria tampoco suelen tener mucha formación al respecto. Así que no se detecta a no ser que sea muy evidente de manera visible, es decir, estamos hablando de un frenillo que se inserte prácticamente en el ápice de la lengua.

Otras veces las madres han tenido la suerte de acudir a un grupo de lactancia donde se lo han detectado. O han dado con una matrona que lo sabe valorar bien y se lo ha diagnosticado. O les han derivado a un/a logopeda, asesora de lactancia o fisioterapeuta que esté formado en ello.

Existen, no obstante, pruebas fáciles de pasar para valorarlo como el Test de la Lengüita de Roberta Martinelli o la herramienta de evaluación de Hazelbaker. Estas pruebas tienen en cuenta tanto el aspecto de la lengua como los problemas que pudiera estar sufriendo la madre.

¿Cómo se podría mejorar esta detección para evitar los problemas posteriores y la incertidumbre y ansiedad de los padres?

Tengo clarísimo que incluir esta valoración en los recién nacidos aumentaría las tasas de lactancia materna y mejoraría esas primeras semanas de maternidad a nivel de salud mental. De hecho, el Test de la Lengüita está incluido en esa valoración inicial en los hospitales de Brasil, país de residencia de su autora.

¿Qué papel juega el logopeda en esa detección?

Uno de los campos profesionales del logopeda es precisamente la valoración e intervención en los sistemas y procesos implicados en la alimentación. Por lo tanto, tiene un papel fundamental que, normalmente, se complementa con profesionales de otras disciplinas como Pediatría, Fisioterapia, etc.

Entonces, ¿cree que se debería hacer alguna prueba de cribado cuando el niño nace? Porque hay momentos en que la alimentación no es correcta desde el primer momento y se achaca a un problema de inexperiencia en la lactancia, el enganche u otra cuestión, y no se da importancia. A veces, tras el parto, no se da de alta al bebé porque ha perdido más del 10 % de peso al nacer, que es lo que establece el protocolo, y se queda en observación para descartar problemas metabólicos y, sin embargo, no se les ocurre valorar un simple frenillo?

Mi respuesta está clara, pero lo que comenta es muy interesante, porque éste es parte del “enmascaramiento” de la anquiloglosia, por llamarlo de alguna manera. Y es que cuando el bebé pierde peso o tiene altos niveles de bilirrubina, no se piensa que una causa tan “ínfima” como un frenillo lingual limitante pueda estar influyendo, así que no se valora. Si tenemos en cuenta que una lengua que no tiene el rango de movimiento necesario no va a poder extraer leche y que, por tanto, ese bebé no va a estar lo suficientemente alimentado, podemos ver que sí que es bastante lógico que deba examinarse.

Por otro lado, las madres, por desgracia, nos convertimos en sufridoras desde el momento en que tenemos un bebé. Tendemos a aguantar el dolor hasta niveles bastante elevados y, aun así, cuando una madre se queja de que le duele dar el pecho, no se le da la importancia que merece. Normalmente se le corrige la postura del bebé al pecho y se le dice que el enganche es perfecto. Y sí, el agarre puede ser perfecto de manera externa si sólo tenemos en cuenta la eversión de los labios, pero valorar un agarre implica más aspectos.

Una vez en casa, si en el hospital no han detectado ningún problema, ¿qué signos pueden llamar la atención de los padres para que crean que algo está fallando?

Pueden ser varios, depende de la madre y del bebé. Desde un bebé que no para de llorar y que se calma cuando le facilitan leche (materna o artificial) a través del biberón, vaso, jeringa o sonda, como un bebé excesivamente adormilado. Otras pueden ser las grietas y heridas en el pezón, porque sean muy dolorosas y no terminen de curarse.

Muchas veces las madres investigan por su cuenta por internet, en redes sociales y en grupos virtuales de lactancia, como por ejemplo a través de Facebook o Telegram, y es ahí donde empiezan a sospechar y a moverse. Esto hace que la detección de bastantes frenillos limitantes dependa de las madres. Como me expresaba una madre, bastante tenemos con este nuevo papel de madre como para tener que andar formándonos también en esto. Por eso, un protocolo hospitalario e incluso una formación en los/as pediatras de Atención Primaria facilitaría la detección y un comienzo en la maternidad más tranquilo, con más apoyo. En realidad, la inmensa mayoría de los sanitarios está a favor de la lactancia materna, pero pocos tienen una formación mínima al respecto.

¿Qué es normal y qué no?

Es normal que un bebé mame tranquilo, se le oiga tragar, pueda levantar la lengua al llorar hasta más o menos la mitad de la boca y de manera simétrica, la saque más allá del labio inferior y no suela tener gases.

No es normal un bebé con molestias, que tironea del pecho, que hace chasquidos al mamar, que muerda el pezón, que duerma con la lengua en el suelo de la boca o que se tire una hora de reloj al pecho o más. Tampoco es normal que no coja peso o que pase mucho tiempo dormido.

No he descrito el aspecto de un frenillo lingual normal vs uno alterado, como ve. Simplemente he nombrado algunos signos que deberían hacer saltar las alarmas. Podemos ver el aspecto de frenillos normales y alterados, el propio Test de la Lengüita cuenta con imágenes para ayudar a valorarlos.

¿Cuándo acudir al pediatra?

Las revisiones del recién nacido son fundamentales y deberían ser suficientes. La cuestión sería “¿cuándo decirle al pediatra que sospechamos que nuestro bebé no mama bien por un frenillo?”. Digo frenillo porque, aunque un bebé puede no mamar bien por otras causas, esta es relativamente fácil de valorar con una mínima formación. Entonces en cuanto veamos algunos signos de los descritos antes, sería interesante proponerle al pediatra una valoración.

¿Y en que ocasiones se debería derivar al logopeda?

Cuando haya una alteración en la succión y deglución y en cuanto se sospeche de un frenillo lingual que está limitando estas funciones, además de una vez que se haya realizado la frenectomía.

¿Cómo trabajan los logopedas en estos casos?

Lo primero es valorar al bebé y a la madre, claro. Después se ve si es necesario derivar a otro profesional para descartar o tratar aquello que se escapa de nuestros conocimientos. Por último, se trabaja en conjunto con la familia y el profesional que corresponda el objetivo a tratar. En el caso de la anquiloglosia, tendríamos que estimular las zonas orofaciales y ayudar a que la lengua vuelva a realizar un rango de movimiento suficiente.

El trabajo multidisciplinar es fundamental. ¿Con qué otros profesionales trabajan los logopedas en estos casos?

Creo que el trabajo con un/a fisioterapeuta especializado es fundamental en estos casos. El bebé es un todo y muchas veces existen tensiones o contracturas que es necesario liberar para que el bebé pueda seguir avanzando. Por supuesto, el trabajo del pediatra es imprescindible, porque es el que va a ir controlando el crecimiento y el bienestar del bebé y pautar las actuaciones necesarias, como la cantidad de leche mínima que debe tomar al día. No vendría mal la evaluación y asesoramiento psicológico si la madre lo desea, porque al final es la gran olvidada y, sin embargo, uno de los pilares fundamentales.

¿Qué técnicas y ejercicios de logopedia pueden ayudar a mejorar la succión y deglución de un bebé?

Podemos tratar y estimular con masajes los distintos puntos que puedan estar afectados, así como los reflejos. Debemos tener en cuenta el estado general del bebé, si está tranquilo o nervioso, si está molesto y es fundamental obtener su permiso. No se puede llevar a cabo ninguna intervención ni por parte del logopeda ni por parte de la familia si el bebé nos está rechazando en ese momento. Todo lo relacionado con la alimentación debe ser agradable desde el principio de la vida.

¿Qué recomendaciones puede dar a los padres para manejar la ansiedad y la incertidumbre relacionada con los problemas de succión y deglución de sus bebés?

Lo primero de todo acudir al pediatra, porque tenemos que asegurar la supervivencia del bebé. Después, buscar un/a logopeda que pueda averiguar por qué se da esa situación y facilitar las actuaciones necesarias, que no se queden con la duda. Y si aun así continúa esa ansiedad, buscar apoyo psicológico y/o en un grupo de lactancia donde puedan hablar y puedan escuchar experiencias parecidas.

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