A diferencia de otras disciplinas sanitarias como la enfermería o la fisioterapia, la logopedia no está integrada en las plantillas de los centros educativos. La presencia de logopedas en los colegios ayudaría a la detección temprana de trastornos del aprendizaje, la deglución y el habla que, de no ser abordados de forma correcta, pueden derivar en problemas de autoestima, dificultades para alcanzar los objetivos académicos, desviaciones del desarrollo orofacial e incluso comprometer la integridad física del niño.
Existen dos perfiles diferenciados, no intercambiables, con formaciones muy diferentes, que abordan los problemas relacionados con el habla, la comunicación y el lenguaje en la población infantil:
- Logopeda: Profesional sanitario encargado del asesoramiento, prevención, diagnóstico, tratamiento y evaluación de los trastornos de la comunicación humana y las funciones orales no verbales. La figura profesional del logopeda está incluida en la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias LOPS (Ley 44/2003 de 21 de noviembre).
- Maestro en primaria con mención en audición y lenguaje: Profesional educativo que realiza el acompañamiento de algunos trastornos de la comunicación, audición y lenguaje siempre en el contexto escolar.
La característica más diferenciadora entre ambos es que al logopeda, como profesional sanitario, podemos encontrarlo en un ámbito clínico mientras que el maestro en primaria con mención en audición y lenguaje trabaja exclusivamente en contextos educativos y en relación con los contenidos curriculares. Además, el diagnóstico es competencia del logopeda. En un contexto ideal ambos perfiles coexisten en los colegios para ofrecer una respuesta integral a las necesidades de la población infantil, pero lo cierto es que en la práctica solo se contempla la presencia de maestros en primaria con mención en audición y lenguaje en el sistema educativo.
El hecho de contar con un solo perfil ahonda en la confusión generalizada por parte de la población de que ambos profesionales son intercambiables y da la falsa sensación de que las necesidades de la población infantil están siendo cubiertas cuando la realidad es que no es así.
La formación del logopeda incluye conocimientos relativos a patologías que la del maestro en audición y lenguaje no cubre. Al privar a los alumnos de logopedia se desaprovecha la oportunidad de detectar y abordar numerosos trastornos que comienzan a manifestarse en el contexto escolar. Algunos ejemplos de estas situaciones son:
- Niños con dislexia: La dislexia afecta a entre un 5% y un 17% de la población, se trata del trastorno de la lecto-escritura más frecuente entre escolares y dificulta el acceso a la información escrita condicionando el desarrollo de la persona si no se trata adecuadamente. Esta realidad no es ajena al sistema educativo, que contempla adaptaciones metodológicas como aparece reflejado en las “Instrucciones de diciembre de 2014 de la Dirección General de Educación, Infantil y Primaria y de la Dirección General de Educación Secundaria, Formación Profesional y Enseñanzas de régimen especial”. Sin embargo, ni estas adaptaciones son realizadas por los profesionales más formados para ello ni las necesidades específicas son abordadas por los maestros en primaria con mención en audición y lenguaje. La dislexia, que se encuadra dentro de las Dificultades Específicas de Aprendizaje (DEA), no se contempla dentro de la atención a la diversidad en los centros educativos en lo que se refiere a adaptaciones curriculares y los niños con dislexia no pueden beneficiarse de las becas y ayudas para alumnos con necesidad especifica de apoyo educativo.
- Trastornos de la deglución y disfagia: Las dificultades de deglución afectan de diversas formas a los niños. Condicionan sus relaciones sociales, deterioran su autoestima y, dependiendo de la gravedad, comprometen seriamente su salud. Esto es especialmente relevante en los colegios de educación especial, en los que las necesidades de menores con disfagia están siendo desatendidas o atendidas por profesionales sin la formación específica necesaria para garantizar la seguridad. Los escolares con disfagia corren el riesgo de penetración laríngea (entrada del alimento hasta el vestíbulo laríngeo) y aspiración (entrada del alimento en la laringe, por debajo del nivel de las cuerdas vocales), circunstancias que pueden desencadenar graves infecciones comprometiendo incluso la vida del menor si no se previenen y detectan eficazmente.
- Se pierde la oportunidad de detectar de forma temprana necesidades que de no ser abordadas con diligencia pueden dar lugar a dificultades que terminan por instaurarse y afectar a todas las dimensiones del desarrollo del menor haciendo mella en su autoestima, su estabilidad emocional y las oportunidades laborales futuras. Esta realidad es innegable si tenemos en cuenta que el porcentaje de abandono escolar de niños con Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) es hasta un 31% superior al de niños que no presentan estas dificultades. Además, no podemos olvidar que el logopeda (con formación clínica) es capaz de detectar tartamudez, disfonías, alteraciones de la musculatura orofacial, etc. y tratarlas o derivarlas en caso de ser necesario.
La inclusión de nuevos perfiles profesionales que den respuesta a dichas necesidades en el sistema educativo no solo es posible y necesaria, sino que cuenta con precedentes como el que justificó la presencia de la figura del fisioterapeuta en los colegios (Circular de la Dirección General de Educación Infantil y Primaria publicada el 12 de febrero de 2014).
Esta acción no iría en detrimento de los maestros en primaria con mención de audición y lenguaje sino en favor del alumnado, contribuiría a ofrecer una educación desde una perspectiva más holística que contemple a los individuos en su totalidad y considere el desarrollo de la infancia en todas sus dimensiones y supondría un impulso para las medidas de prevención que ayudan a minimizar los costes sociales y económicos de las instituciones públicas a largo plazo.

