2 de abril: Día Mundial del Autismo
- Estas personas tienen dificultades para encontrar y mantener trabajo estable o para entablar relaciones de pareja o amistad
- El logopeda puede enseñar estrategias de comunicación para que interactúen de manera efectiva en distintos contextos sociales
Madrid, 30 de marzo de 2023.- El autismo, también conocido como Trastorno del Espectro Autista (TEA), es una condición del desarrollo neurológico que afecta la forma en que una persona se comunica, interactúa socialmente y procesa la información sensorial. En España, se estima que hay más de 450.000 personas autistas, y la prevalencia ha ido creciendo en los últimos años, detectándose en edades cada vez más tempranas, pero también en personas mayores en las que había pasado desapercibido. La labor del logopeda en personas con autismo se asocia sobre todo con niños y adolescentes, sin embargo, su intervención es beneficiosa en todas las etapas de la vida, ya que estas personas tendrán necesidades distintas a medida que crezcan y se expongan a nuevas situaciones. “El logopeda puede acompañar a las personas con autismo y sus familiares en cualquier momento de su desarrollo vital para mejorar su habilidades comunicativas y sociales”, asegura Soraya Valero, vocal de la Junta de Gobierno del Colegio Profesional de Logopedas de la Comunidad de Madrid (CPLCM).
Los síntomas del autismo pueden variar ampliamente, desde dificultades en la comunicación verbal y no verbal, comportamientos repetitivos, intereses restringidos, hasta dificultades en la interacción social y la comprensión de los pensamientos y sentimientos de los demás. Son características propias y definitorias que se manifiestan de forma heterogénea a lo largo de todo el ciclo vital. Eso sí, serán distintas en cada individuo, porque no hay dos personas con autismo iguales, dependerá de su propio desarrollo personal y de los apoyos que pueda tener, así como de si presenta o no discapacidad intelectual asociada y también de su nivel de desarrollo del lenguaje. En concreto, las personas adultas con autismo se enfrentan a algunas barreras. Entre ellas, dificultades para encontrar y mantener trabajo estable o dificultades para mantener relaciones de pareja o amistad. “Muestran interés por cosas muy restringidas y de forma muy intensa y mantienen una rutina muy marcada, lo que afecta mucho a sus relaciones sociales”, afirma Soraya Valero.
La logopedia puede ayudar a personas adultas con autismo a mejorar sus habilidades de comunicación. Dependiendo de las dificultades que presente la persona, se aborda de una manera u otra. Así lo indica esta logopeda experta en autismo: “Puede ser que muestren dificultades en el lenguaje por lo que habría que establecer objetivos que poco a poco vayan mejorando a nivel de sintaxis, pragmática y semántica. Por otro lado, puede ocurrir que no presenten lenguaje, por lo que en este caso habría que establecer un método alternativo o aumentativo de comunicación. Además, en determinados casos, hay que disminuir las ecolalias (repetición exacta o parcial de las palabras o frases que ha escuchado anteriormente)”. Y, por supuesto, habrá que trabajar la relación y la interacción con otras personas de diferentes edades y en distintos contextos.
Por ejemplo, de cara al ámbito laboral, el logopeda puede enseñar estrategias de comunicación para que esta persona interactúe de manera efectiva. Soraya Valero recomienda establecer rutinas y secuenciar las tareas, así como anticipar ciertas situaciones. Asimismo, considera fundamental aprender comportamientos típicos, como respetar turnos de palabra, o formalismos sociales para evitar situaciones incómodas por exceso de sinceridad.
Terapia adaptada individual y colectiva
Muchos adultos muestran mala coordinación y baja tolerancia a ruidos fuertes, luz intensa, sensibilidad al tacto, etc. Lo que provoca situaciones incómodas que tienden a evitar, y que les pueden llegar a generar ansiedad. “Lo mejor es enfrentarse a ese tipo de situaciones en terapia, de forma que pueda trabajarse de menos a más”, sostiene la vocal del CPLCM.
Esta experta destaca la importancia de adaptar la intervención logopédica para abordar las necesidades específicas de las personas adultas con autismo con terapias centradas en la mejora de su autoestima o para favorecer un autoconcepto positivo y realista, asumiendo que tienen una forma diferente de percibir e interpretar el entorno.
Además, aclara que no sólo se debería trabajar de forma individual, sino “también en terapias grupales, donde puedan relacionarse con otras personas con sus mismas características y compartir experiencias”.
En su opinión, para evaluar el progreso de la terapia, hay que valorar la funcionalidad con la que la persona ha llegado a la edad adulta, “Debemos comprender su situación, y dentro de ésta, tener en cuenta cuáles son sus necesidades o requerimientos. Es fundamental contar con la opinión del paciente, y establecer los objetivos de la terapia en base a sus necesidades”, concreta.
En cuanto a los indicadores del éxito de la terapia, la logopeda afirma que no pueden ser otros que aquellos que le permitan ser feliz y tener mayor bienestar y calidad de vida.
Involucrar a las familias
La implicación de las familias siempre es un aspecto positivo en la evolución de las personas con autismo, sobre todo si la persona es dependiente y requiere de cuidados durante toda su vida. En estos casos, “las personas que estén a su alrededor deberán conocer el tipo de comunicación que mejor funciona para relacionarse con ella y ayudarle a relacionarse con el resto del mundo”, indica Soraya Valero.
Si, por el contrario, la persona con autismo no es tan dependiente, la familia contribuirá a conseguir toda la autonomía posible, estará al tanto de la evolución en la terapia y trabajará a la par con ellos. En cualquier caso, la familia siempre resulta un apoyo




